No hay sensación comparable a esa que se tiene cuando uno está sentado en la banqueta. Ni para las historias que ahí se escuchan. Platicar con los amigos sin ningún tema en especifico y que en el transcurro sin proponérselo que surjan nuevos temas.
Y lo mismo ocurrió ese día, Javier salió como de costumbre al Modelorama. Llevaba cerca de un año haciéndolo, de regreso se sentaba en la banqueta de su vecino a terminarse su cigarro y su cerveza. No era bebedor asiduo, solo se tomaba una porque no era muy bueno con el alcohol, y siempre ahí en la banqueta que solía frecuentar al salir de clases. No tenia nada en particular que la volviera diferente de las otras, salvo por un trueno que permanecía verde todo el año.
Le gustaba ese lugar porque era muy transitado y podía ver a las chicas que pasaban por esa calle al regresar de la escuela o de su trabajo. Se encontró por casualidad con un viejo amigo y comenzaron a platicar en ese lugar. Pablo era su nombre, tenia un trabajo que lo obligaba a viajar todo el tiempo pero siempre que tenia la oportunidad venia a visitar a su familia.
Ninguno de los dos eran casados pero Pablo tenia dos hijos, un niño de 11 años y una pequeña de 2. Su pareja se llamaba Carmen, era una mujer muy guapa pese a tener unos kilos demás acumulados en el abdomen a causa de su ultimo embarazo, era alta y hacia que pasaran desapercibidos.
—¡ah ya no soporto esta situación!— dijo Pablo repentinamente — Carmen siempre tiene algo nuevo que achacarme cada vez que regreso. Que no paso suficiente tiempo con los niños, que el dinero no alcanza.
—No lo dirás en serio— dijo Javier — Siendo honesto te envidio un poco. Tienes un buen trabajo y tienes una mujer muy guapa que te dio dos hijos.
—Hemos pasado cosas muy duras desde que se salio de casa de sus padres— dijo al tiempo que daba un suspiro— Comenzamos a vivir en un cuarto de apenas 5 metros cuadrados.
El cuarto era de una tía de él que vivía en California. Al final lograron que les diera la propiedad a manera de regalo de boda. La cual nunca se llevo a cabo. Si bien no era muy espacioso cumplía con los requerimientos mínimos para ser habitable. Se encontraba en una zona que había sido reformada y a ambos lados tenia residencias que hacían que su cuarto pareciera la bodega de alguna de ellas.
—Antes no teníamos camas y dormíamos en el suelo—dijo Pablo cabizbajo— yo apenas comenzaba a trabajar y cobraba apenas lo suficiente para alimentarnos. Un día regrese y me encontré con la noticia de que estaba embarazada.
—¿Y que pensaste en ese momento?— pregunto Javier.
—Te mentiría si dijera que no me asuste y a la vez sentí una inmensa alegría —contestó Pablo— No estaba preparado para ser padre pero pensándolo bien nadie lo esta alguna vez. Consideramos la posibilidad de que Carmen regresara con sus padres pero mi orgullo no me lo permitió.
—Hiciste lo correcto— dijo Javier.
Los padres de Carmen eran personas muy inflexibles para ciertas cosas, nunca hubieran dejado de recriminarle semejante cobardía. El padre era un empresario que se dedicaba a las bienes raíces y tenia suficiente dinero como para que su madre se dedicara ex profesamente a ser ama de casa.
—Han pasado casi 12 años desde entonces— dijo Pablo levantándose de la banqueta — Y no termino de entenderla, compré una casa que es 3 veces mas grande que el cuarto donde empezamos. Hay una habitación para cada uno y un pequeño jardín frente al pórtico. En el de ahora veo cómo le llueve a un cerro. La vida sí mejora.